Un abrigo (del latín aprīcus, defendido del frío), gabán, tapado o sobretodo es una prenda de vestir que baja por debajo de las caderas, se abrocha al frente con botones y a veces también con cinturón. Se lleva además de las otras prendas de vestir para asegurarse de las inclemencias
El abrigo se abre sobre el frente, tiene las mangas largas, y lleva a veces bolsillos e incluso, capucha. Los materiales de fabricación son variados. Pueden llevarlo solo mujeres , aunque los cortes de abrigos de mujeres son todos distintos (más ajustados, más estrechos, etc.) así como los materiales (la piel suele ser para mujeres ).
HISTORIA
Antes de tener la función exclusiva de protección de las inclemencias que conocemos actualmente, antiguamente el abrigo permitía establecer la posición social de quien lo vestía. Así en la Roma antigua, el ciudadano libre se envolvía con su toga para diferenciarse de los esclavos. En la Edad Media, solamente los nobles admitidos en el tribunal tenían el privilegio de llevar la hopalanda. En el siglo XV, permanece reservado a la nobleza. Posteriormente, se convierte poco a poco en una prenda de vestir popular.[1] A principios del siglo XIX el abrigo será eclipsado por la levita para volver de nuevo, en particular, a partir de mitad del siglo bajo distintas formas con partes inmóviles. En 1893 aparecen los primeros abrigos de piel.
Por otra parte, dar abrigo es brindar auxilio, protección o amparo a alguien. Los sentimientos positivos, el amor, la amistad, suelen estar relacionados con el calor; decir que un grupo de gente destaca por su calidez implica que son personas amables, atentas, que hacen sentir a los demás como en casa. Lo opuesto es un ser frío, que en general es sinónimo de ajeno a su sensibilidad, desconsiderado, manipulador.
La historia del abrigo no sólo está vinculada a la protección del clima. El abrigo también permitía establecer una cierta posición social y marcar diferencias con el resto de los ciudadanos. Por ejemplo, las personas libres de la antigua Roma utilizaban una toga para diferenciarse de los esclavos, mientras que los nobles de la Edad media usaban una hopalanda (una especie de bata).
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