miércoles, 8 de diciembre de 2021

Leyenda de las gatas carey y calicó

CAREY

Cuenta la leyenda que hace varios siglos el Sol, cansado de sentirse sólo en lo alto del cielo, le suplicó a la Luna que le cubriera su ausencia y así poder ausentarse. El sol deseaba bajar a la Tierra y ser libre aunque sólo fueran unas horas. 

La Luna, ante tanta súplica, accedió y un día de junio, cuando el Sol más brillaba, la Luna se acercó al Sol, y le fue cubriendo poco a poco para que a los humanos no les sorprendiera de golpe la oscuridad.

El Sol, por fin, podía hacer realidad su sueño, pero para  pasar desapercibido debía hacerse corpóreo y lo hizo en el ser más perfecto, rápido y discreto que había; una gata negra.

La Luna, perezosa, en seguida se sintió cansada, y sin avisar a su amigo el Sol, se fue apartando. Cuando el Sol se dio cuenta ya era demasiado tarde, salió corriendo hacia el Cielo, y tan rápido huyó, que se dejó en su morada momentánea parte de él: cientos de rayos de Sol se quedaron dentro de la gata negra.

Desde entonces, todos los gatos que nacieron de la gata negra llevaría en su manto el dorado de los rayos del sol. Son las gatas carey  y no hay dos iguales, ya que el pelaje de cada una es diferente  de cualquier otra.

Y lo que la gente tampoco sabe es que su origen solar les atribuye propiedades mágicas, ya que atraen la buena suerte y las energías positivas.

CALICÓ

No obstante, la primera leyenda sobre el Calicó proviene del año 1100 en los monasterios del Tíbet, y está relacionada estrechamente con las razones de su pelaje.


Cuenta la leyenda Tibetana que durante los años 1100 no había paz en los monasterios de los monjes; permanentes desacuerdos, discusiones y malentendidos reinaba entre ellos. Había desunión y todos sentían un profundo malestar por no poder vivir en armonía.

Los tres monjes principales del Templo más importante del norte del Tíbet comenzaron un ayuno en busca de iluminación y sabiduría.

Al día siguiente de comenzado el ritual del ayuno, apareció en la puerta del Monasterio una Gata Tricolor, la cual tenía un bello manto coloreado de manchas negras, blancas y marrones. Acababa de parir a tres hembras, tricolores igual que ella. Los monjes consideraron que esto era una señal, la dejaron entrar y cuidaron muy bien a la Gata Tricolor y sus pequeñas crías.

Durante varios días la única conversación entre ellos era sobre la Gata Tricolor: la belleza de su manto, los adorables cuidados que le prodigaba a sus hijitas y la dulzura y agradecimiento que le demostraba a los monjes por las atenciones para con ella.

Los monjes se reunieron ,nuevamente para interpretar el hecho que durante esos días no se había suscitado peleas ni discusiones, todo lo contrario, fueron días de armonía y calma.

El más joven de los monjes interpretó esta señal :

«La clave está en sus tres colores: el blanco y el negro son como el Yin y el Yan, la fuerzas de lo opuesto igual que nosotros que estamos en permanente oposición.

El marrón es la tierra, nuestro lugar, y ello significa que aquí debemos conciliar nuestras diferencias, nuestras oposiciones. Si nos amalgamamos, al igual que los tres bellos colores de esta gata lograremos la paz, la armonía y la sabiduría».

El más anciano le preguntó qué significado tenía que las crías hayan sido todas hembras, a lo que el joven monje contestó:

«Las pequeñas gatas recién nacidas traen el mensaje de lo nuevo, de la mutación, del cambio, y nos lo traen especialmente a nosotros que representamos la permanencia»

Al final del día el más anciano de los monjes dejó el Templo en manos de los más jóvenes y partió hacia las montañas, no sin antes recomendarles que siempre tuvieran una Gata Tricolor en cada templo del Tíbet, como recuerdo de esta enseñanza.


Lo que no dice la leyenda es que las Gatas Tricolor o calicó mantienen desde hace siglos todo su misticismo, su elegancia y delicadeza.

Las Gatas tricolor o calicó otorgan los dones de paz, unión y armonía a los hogares que las adoptan como lo hicieron con los monjes tibetanos.

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