Papel moneda (China. 812)
Cámara oscura (China. 840)
Imprenta de libros (China. 868)
Pólvora (China. 950)
Esclusa (China. 983)
Rueca (Asia. 1000)
Brújula (China-Arabia. 1090)
Timón (Arabia. 1180)
Lupa (1200. Robert Grosseteste)
Hojalata (Bohemia. 1250)
Cañón (China. 1280)
Gafas (Italia. 1286)
Espejo (Venecia. 1291)
Reloj-despertador (Alemania. 1380)
Despertador:

El prototipo más antiguo fue inventado por los griegos en torno a 250 a. C. Construyeron un despertador que funcionaba con la marea: cuando el nivel del agua llegaba a un determinado nivel, hacía sonar un pájaro mecánico. Tal y como lo conocemos hoy, lo inventó un relojero, Levi Hutchins, en 1787.
Entonces, la gente confiaba en el sol para despertarse, pero a las 4 de la mañana, la hora en que se levantaba Hutchins, no había sol. Así que el relojero colocó una palanca en el número 4, que a su vez hacía sonar una campana cuando la manecilla llegaba a la hora. Cuentan que Leonardo Da Vinci hizo un diseño de reloj despertador que muchos consideraban más como una broma que como un proyecto serio. Constaba de un platillo redondo sostenido por un tubo que funcionaba como una palanca de dos brazos. En el otro extremo del tubo había un platillo plano que contenía agua, de este extremo salía una cuerda que se ataba a los píes del durmiente. Cuando el platillo redondo se llenaba hasta la mitad, resultaba más pesado que el plano, y hacía oscilar éste, vertiendo el agua a través del tubo hasta el platillo redondo y tirando violentamente de la cuerda atada al tobillo del “bello durmiente”.
Los chinos fueron los primeros que probaron relojes con el fin de despertarse. Milton Stevens, director ejecutivo del Instituto Americano de Fabricantes de Relojes, brindó un panorama sobre algunos de los primeros relojes despertadores: “Se cree que los chinos fueron quienes usaron los primeros relojes con cuerdas. El reloj estaba formado por una cuerda o mecha aceitada para generar combustión. Después de varios experimentos, aprendieron cuánta cuerda se quemaba en una hora. A partir de ese conocimiento, hicieron nudos en la cuerda para marcar cada hora. Si querían despertarse a una determinada hora, ataban la cuerda a un dedo del pie. Así, cuando llegaba esa hora, la persona sentía el calor en el dedo y se despertaba fácilmente.
El invento del reloj de vela les permitió experimentar cuánta vela se que-maba en una hora.Con esta información, pudieron hacer marcas en la vela para señalar el paso del tiempo.A efectos de que ese método sirviera como despertador,decidieron colocar la vela sobreun plato grande de metal.Y en la marca que correspondía a la hora a la que debían despertarse, insertaron un gancho pequeño con una campanilla. Cuando la vela lle-gaba a esa marca, la campanilla caía en el plato de metal y eso pro-ducía un ruido que, con suerte, haría despertar al que dormía.”La necesidad de tener relojes despertadores más precisos surgió de la religión, a diferencia de lo que podríamos suponer, es decir,del mundo de los negocios. Desde sus orígenes, los musulmanes oraban cinco veces al día; y los judíos, tres. Pero los primeros cristianos no eran tan disciplinados. Con el surgimiento del monacato—que era una vocación de tiempo completo—, se creó la necesidad de una rutina. Estos monjes, devotos al servicio de Dios, eran metódicos para organizar las rutinas de oraciones. Aunque había diferencias entre las diversas órdenes, muchos monasterios dividían el día en seis segmentos y exigían orar seis veces por día. Esta exigente rutina incluía vigilias nocturnas, lo que implicaba despertar a los monjes que habían estado durmiendo.Antes de que apareciera el reloj despertador, se designaba a una persona que debía permanecer despierta mientras los otros dormían;el encargado de despertar a los demás tenía la tarea —nada envidiable, por cierto— de llamar a los demás para que fueran a orar.Los relojes despertadores mecánicos creados por los monjes eran más parecidos a los relojes de arena de la actualidad que a los relojes que tenemos en la mesa de luz. Según lo explica Martin Swetsky:“Los primeros despertadores eran aparatos primitivos, sin agujas ni esferas. Se trataba de artefactos mecánicos que hacían sonar campanas a la hora deseada, lo cual se lograba colocando una clavija en el orificio más cercano a la hora y conectando a ese mecanismo un sistema de acoplamiento que hacía sonar la campana”. Los relojes posteriores se hacían sonar a las seis (luego las siete) horas canónicas y tenían varias campanas que indicaban el inicio del servicio de oración.¿Y cómo hacían las personas antes de que se inventaran los relojes, para llegar en hora a las citas o entrevistas de trabajo? Lo más probable es que fueran a lo seguro y llegaran a las citas mucho antes de la hora pactada. Si los cortesanos tenían que estar en el palacio para una ceremonia antes del amanecer, llegaban a la medianoche y esperaban a que sonaran los tambores y se abriera la puerta, en lugar de correr el riesgo de quedarse dormidos. La hora, como la conocemos en la actualidad, pertenecía a los ricos, y los campesinos debían atenerse a las reglas de ellos. Así como en la actualidad la mayoría de las citas se fijan en números redondos (muy pocos hacen reservas en los restaurantes para las 7.38 p. m.),en el pasado se fijaban en función de los hechos naturales (“Nos encontramos cuando salga el sol”).
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